Revista Encaje

Juliana Paucar

Absurdamente bella

Una falda en llamas, 35 cirugías y el 50% de su cuerpo cicatrizado le dieron un impulso insospechado a Juliana Paucar. Con ella nació: Belleza Absurda. 

El 30 de julio de hace 32 años, Alba Restrepo y Wilson Paucar vieron nacer a Juliana. Una mujer quien con sus ansias de recorrer el mundo, decidió estudiar Negocios Internacionales en EAFIT y graduarse de allí en el 2013, donde actualmente es docente de administración y emprendimiento. 

Mientras viaja y enseña, lidera también Belleza Absurda, una iniciativa que desde hace dos años toma fuerza en Instagram con más de 5 mil 500 seguidores y toda una comunidad interesada en sus historias, su forma de verse y ver el mundo. Juliana decidió conversar con Encaje y contarnos cómo inició este proyecto, qué es lo que busca, sus motivaciones y visión del futuro. 

Juliana Paucar
E: ¿Qué te llevó a crear Belleza Absurda?

J: Tuve un accidente hace siete años, el 17 de agosto de 2012, un mes después de que llegué de Europa, donde estaba de intercambio; tenía ganas de graduarme, empezar a trabajar y generar un montón de proyectos. Estaba en la oficina con mis papás y llevaba una falda larga de poliéster que tuvo contacto con una vela que estaba en el piso y no me di cuenta. Comencé a empacar mis cosas y a sentir un calor desesperante, miré la falda y estaba en llamas. Me aparté y le dije a mis papás: “me estoy quemando”, pero no hice nada más, me quedé bloqueada y paralizada. La falda se me prendió súper horrible y se pegó a mi piel. Mi papá intentó quitármela, pero las llamas eran muy fuertes, fue la contadora quien cogió dos toallas mojadas y me rasgó lo que quedaba de falda (como cinco centímetros) después de que ya me había quemado horrible. Cuando me vi las piernas, súper tranquila, dije «por favor llamen una ambulancia que me tengo que ir pa’ un hospital», pero se demoraba media hora, entonces yo les dije a mis papás » lo único que tengo claro es que no duro media hora en calma». Cuando íbamos en el carro para la clínica me comenzó a arder horrible y empezaron a salirme unas burbujas. Yo solo respiraba, mi papá estaba asustado y mi mamá gritaba como loca. Cuando llegamos caminé hasta la camilla, en ese momento reaccioné, empecé a llorar y a sentir un ardor insoportable.

 A solas en la habitación 419

Después de este ‘accidente absurdo’-como lo llama- comenzó la primera parte de una travesía: 35 cirugías y casi cinco meses en la habitación 419 de la Clínica Las Américas. Al llegar al quirófano para lavar sus heridas y retirar los tejidos quemados, los médicos pronosticaban que estaría allí por un mes en el que no podía recibir visitas, ni ver su celular;  debido al alto riesgo de infección. Sus días, entonces, pasaron entre libros, televisión y dolorosos lavados cada dos días. Poco después su doctor le dijo que ya no tenía fecha de salida, pues aún tenía pedazos de poliéster incrustados en su piel, por lo que el tejido que ya había cicatrizado, realmente estaba podrido en su interior. Esta vez tendrían que raspar, retirar toda la piel de la superficie y poner injertos.

Para entonces, la tranquilidad de Juliana había desaparecido. Comenzó a deprimirse mientras sufría un dolor físico insoportable, aunque el efecto de la hidromorfona y los catéteres epidurales lo disminuían. Su rutina consistió en someterse a los raspados cada tres días durante todo un mes y a los injertos durante los últimos dos meses, tomar antidepresivos, realizar actividades que no incluyeran celular ni computador para mantenerse activa, comer en exceso para recuperar calorías, seguir en aislamiento, ser bañada acostada, que le cambiaran el pañal y sufrir de estreñimiento. 

De 18 a 6

E: ¿Cómo fue volver a aprender a caminar?

J: La segunda fase de mi historia absurda fue la de volver a caminar, me tomó seis meses, cuando me daban 18 para lograrlo. Era tortuoso, pero mi fisioterapeuta me dio esperanza de seguir y lograr la meta. En menos de lo esperado estaba recuperando lo que creía perdido.

Resiliencia

Después de terminar su fisioterapia, Juliana podía volver a su vida normal, pero ella sentía que ya no lo era. Al ver sus piernas las rechazó, se enfocó en ocultarlas y le preocupaba lo que pensaran los demás sobre ellas. Se sometió a muchos tratamientos dermatológicos con la intención de volver a ser “normal”, cada uno más doloroso que el anterior, hasta que un día viendo un comercial de Dove y leyendo la historia de Turia Pitt, comprendió que también debía recuperarse en su interior. En resumen, la última fase de esta travesía fue la de su propia reconciliación. 

E: ¿Cómo fue ese proceso de aceptación?

J: Si bien, todo el proceso físico fue doloroso, el emocional fue más fuerte. Decidí ver mi realidad y volver único y especial eso que tanto odiaba. Entendí  que la belleza no es un rótulo general, sino una realidad particular. Ya no quería ser alguien más. Me empoderé y abracé. Definí cómo me quería ver y no lo que todos esperan ver, acepté mis nuevas piernas y todo mi ser. Desde entonces la relación conmigo misma es muy sincera, autocrítica, pero no destructiva.

E: ¿Por qué nace Belleza Absurda?

J: Cuando empecé mi proceso me di cuenta de que muchas mujeres a mi alrededor no tenían autoestima y cuando cumplí cinco años de mi accidente decidí hacer un cambio y ayudar como antes lo había hecho con dos mujeres que también se quemaron. Primero quería hacer un blog, pero es muy difícil que lo lean, entonces creé un perfil en Instagram y empecé a publicar historias de mujeres que inspiraron mi proceso, pues ellas aunque estén quemadas, tengan cicatrices y les falten partes de sus cuerpos, son felices. Quiero que las mujeres dejemos de lado los estereotipos, la perfección y  la superficialidad.

E: ¿Por qué Belleza Absurda? 

J: Yo siempre dije que mi accidente había sido algo absurdo, por consiguiente mi belleza es una belleza absurda que tiene los pies quemados, el abdomen aporreado por los injertos que donó, pero que es única, hermosa y que ahora amo por lo que es.

E: ¿Qué le quieres decir a las mujeres?

J: Mi invitación es a dejar de mirar tanto el exterior. Las redes sociales muchas veces no ayudan, porque nos venden vidas perfectas. Cuando eso me pasa, me desconecto y me concentro en mí y mi esencia, porque cuando la he encontrado tengo el poder de multiplicar el efecto de lo que quiero hacer. Las reto a que definan cómo quieren ser en su propio concepto de belleza, porque cuando se tiene esa armonía con uno, se logra tener un impacto inimaginable con el mundo entero. Además, quiero que dejemos de juzgarnos y destruirnos, la solidaridad de género se debe dar desde lo más genuino para que entre todas nos apoyemos y construyamos nuestro éxito.

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